capítulo 26-1 Portugal arde

Notaba en mi saudades ya desde hace algún tiempo de montaña, de desnivel, mas que saudades se sentía como una necesidad que tenía que ser satisfecha. Si bien para subir y bajar y así entrenar su físico, aquí en la Lisboa de las siete colinas se tiene mucho, también curiosas personajes de aldeas norteñas con dialectos raros se encuentran bastante por aquí, pero la vista no repara en paredes de rocas, no ve como con la altura la vegetación cambia, no se bebe el agua fresca recién salida de la tierra.

Me habían dicho que si uno se anota como voluntaria en la prevención de incendios en los Parques Nacionales o Naturales, porque Nacional solo hay uno, no paga el camping y además – pensaba ingeniosamente- debe ser bueno para conocer gente.

Portugal arde. Es desde tiempos remotos que los incendios de bosques y florestas existen y representan una amenaza para sus moradores, vecinos y el ecosistema en general. Hoy en día se sabe que un gran porcentaje de estos incendios no se producen por causas naturales sino por descuidos o bien intencionalmente. Y en las últimas décadas en los países del mediterráneo este problema se ha vuelto gravísimo, cada año de vuelta se pierden muchas hectáreas de floresta, matorral, campos, casas, quedan heridos y muertos. Para citar algún número, se puede decir que tan solo en los primeros quince días de agosto se registraron 2680 fuegos rurales (según el diario Publico).

Dicho, hecho e inmediatamente todos a mi alrededor comenzaron a hacer chistes sobre los incendios. Gurisa bombera, cuantos apagaste ya? Y en esta noche, no podía ser de otra manera, soñé con un incendio. Llegué un poco nerviosa cuando el ómnibus pasó mismo por el medio del fuego y el gran humo colgó sobre los valles durante días. Vi helicópters balanceando entre rocas para aterrizar en el embalse cargar agua y salir en dirección al humo.

Según la gente del Parque de Campismo la mayoría de los incendios se producen fuera de las fronteras del Parque Nacional, por lo tanto ellos no se preocupan tanto, claro, estan atentos y saben que número llamar cuando ven algún foco.

Entonces compré un pasaje de tren, me anoté como voluntaria y un lunes bien tempranito levanté la mochila ansiosa por volver a viajar. En casa me descargué todas las guías de Flora y Fauna y ahí me puse a cazar con la camera de fotos.

El Parque Nacional Peneda-Gerês está situado en el noroeste de Portugal y una parte sigue después en Galicia como Xurés. Para llegar ahí se pasa por la ciudad de Braga, que básicamente es un pueblito con mil iglesias todas iguales y un montón de turistas. Llegué al Camping Vidoeiro (cerca de la vila de Gerês), armé la carpa y me puse a conversar con la gente, al lado de oficina de registro había un pequeño bar con mesas afuera al lado de un río cristalino con piedras y árboles cubiertas de musgo. Me instalé y pasé todas las tardes ahí a beber un vinito y leer porque tenía un farolcito encendido. Además tenía baños siempre limpitos con agua caliente y sin filas. Esta manera de acampar era bien diferente de lo que yo estoy acostumbrada.

Fui a dormir temprano porque por la mañana temprano ya iba a conocer mi coordinador.

…No pierdas la próxima entrega!

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